Caminata

Vas de un lado al otro de la sala,
te veo recorrer el mismo camino por horas.
Mueves la boca cuando quieres hablar,
pero no lo haces.

No hablas por mucho tiempo,
tanto tiempo que ahora
estoy sentada en el mismo sitio
pero la luz que ilumina tu cara es diferente.

Me estas volviendo loca.

Cuando por fin te sentase a mi lado
sentí que había pasado días observante,
que había pasado días en silencio
esperando.

El silencio seguía invadiendo la habitación,
el frío se volvía desgarrador, la distancia
se hacía mayor. No pudiste mirarme.

-Es imposible.
Lo repetiste tantas veces,
que hasta yo empecé a creerlo,
a creer que era imposible.
Nunca más me pudiste mirar. Te desgarré
completo, sin dejar nada que rearmar. Mirarme
era una suplicio. Hablarme era un suplicio.

-Es imposible.

Te sacudí, pensé que te habías ido para siempre.
Regresaste sin nada, sin una gota de luz en ti, con solo
una pizca de amor que dedicarme. Y así

me miraste, la única vez que me miraste esa noche
sería la última. Lo último que me dedicarías.
No hiciste nada más que levantar tu cuerpo sin ganas,
arrastrarlo a la salida sin mirar atrás.
No cerraste la puerta.

Me estabas volviendo loca. 

Era imposible que solo me hayas mirado
una vez. Pero era cierto, solo me miraste una vez.

Sin duda era posible. 

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