Medianoche.

Tomabas mi mano con una fuerza
tierna para no dejarme ir,
para cuidarme.

Acariciabas mi cadera
con la suavidad de tus manos
gruesas y pesadas
para sostenerme.

Saboreaste mis labios
como si hubiera sido tu helado favorito
succionando cada movimiento
para comprenderme.

Me tocabas para sentirte vivo
tragando cada soplo de aire 
pensando que sería el último. 

Me mirabas para recordarme
desnuda delante tuyo
con los ojos asustados
la boca pidiendo besos
y el ombligo susurros.

Nos emborrachamos con lo negro
del cariño que sentíamos
perdiendo tonos cada arrebato.

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