Escondite en el rosal.

Cuando tenías 13 años y te gustó un chico por primera vez, corriste a la esquina del rosal de casa del abuelo para arrancar una y así averiguar si el chico te quería. Hoy once años después, ya toda una mujer adulta, estás de vuelta. En esa esquina el tiempo no ha pasado, sigues parada con la misma camiseta demasiado grande para ti, con el pelo despeinado y tus ojos grandes esperando a que una flor, tan inanimada como es esa, te diga lo que ya sabes.

Sabías que aunque llegarás al centro de la rosa y le quitarás el tallo hilo a hilo, la respuesta era un no. No te quiere. Porque nunca lo hizo, y yo como estúpido hermano, observé como caías rendida a unos brazos que no querían cacharte. ¿Recuerdas el día que me dijiste que te habías enamorado? Si. Fue exactamente hace once años. Lo supiste al arrancar el último pétalo de la rosa, corriste dentro de la casa gritando ¡ESTOY ENAMORADA!.

Te enamoraste de Diego a los trece años. Once años después, después de muchas peleas, viajes, malentendidos, amoríos, después de todo eso te das cuenta que no te quiere. Y hoy, a diferencia de hace once años, corres a los brazos del abuelo para decirle que has gastado tu tiempo. Que haz perdido tu corazón a un amor infantil que se convirtió en calentura juvenil, y que seguramente nunca regresará completo. Hace once años el abuelo te dijo que enamorarse era la mayor y mejor aventura del hombre, pero hoy ya no le crees. Estás segura que es de las más estúpidas. ¿Por qué el amor no termina el día del primer beso? Así no es el mundo real,te lo repite el abuelo mientras te acaricia tu cabellera despeinada. ¡Que va!, así no es el mundo real…y Diego es el revendo idiota que no merecía tu corazón. Te lo dice porque piensa que eso te hará sentir mejor, que odiarlo te ayudará a recuperar el tiempo perdido. No hay como recuperarlo. Te duele el estomago con el simple hecho de pensarlo.

Te descubrí quitándole los pétalos a una rosa del jardín del abuelo intentando comprender donde quedo esa niña risueña. En donde quedo la dinamita que guiaba su corazón, en que momento decidió que valía la pena enamorarse. Quitándole los pétalos a la rosa descubres que un pedazo de ti se ha ido y nunca regresará. Yo solo puedo decirte que el abuelo y yo hemos replantado flores en esa esquina para que arranques las que necesites, por que Linda, enamorarse vale la pena.

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