Ésta es la última vez que escribo de ti.

Tú nunca te ibas a enamorar de mi. Lo supe siempre pero me negaba a admitirlo. A ti te gustaba verme de vez en cuando, tomarme de la mano mientras bebíamos café. En cambio yo, quería verte todo el tiempo y sentirte sin limitaciones. Me viste enamorarme de ti y no dijiste nada. Sólo observas desde lejos, tal vez, pensando que así te olvidaría, pero no lo hice.  Me enamore más. Te veía como un reto, tenía que hacer todo lo posible para conseguirte. Luché meses por ti. Nunca intentaste decirme “No. Deja de enamorarte. Yo no lo haré nunca” No dijiste nada. No dijistenada porque había un pequeño pedazo de tu corazón que te decía que esperaras, que si seguías viéndome tal vez te enamorarías de mi. Pero no estabas preparado, desde el principio no estabas preparado para enamorarte ni de mi, ni ti, ni de nadie. Me costó un año darme cuenta que nunca me amarías.

¡Nada! Sigo pensando que nunca me amarás, quizás nunca me amaste. Y el problema central es mi necesidad por verte. Haz roto todo lo construido dentro mío, nunca me aceptarás por quien soy, y con todo y todo quiero verte. Verte directamente a los ojos para entender en que momento esto se rompió. Decirte que voy a extrañarte, y que está bien, pero hoy dejas de ser el centro de mi corazón.

“No estoy dispuesta a dejarte ir porque no puedo.”

¡Bah! ¡Que más quisiera yo saber que estás leyendo esta carta! Saber que mínimo, después de varios meses, tú también me extrañas. Me encantaría llamarte… pero no puedo. Me acuerdo y duele el estómago, la cabeza, el corazón, todo. Quiero salir corriendo, dejar todo atrás, pensando que nunca te conocí. ¿Cómo fue que esto se me escapó de las manos? ¿En qué momento hice algo que te alejara de mi?… Hice todo como pensé que debía de ser. Pero no
era yo lo que estaba mal, eras tú él que me caía mal. Tú, él que besaba en el metro, mi compañero de viaje. Tú. Ese, me caía mal.

Fui en busca, de qué, no lo sé. Comprendo que no lo encontré en ti, por lo tanto, te lo agradezco. Gracias por romperme, por dejarme en lo más
vulnerable de mi ser. Gracias por compartir conmigo camas frías, días calurosos y cigarros en las esquinas. Gracias, pues, por aparecer en mi vida. Seguiré buscando algo, sin saber que es, pero por lo pronto se que no se parece a ti.

 

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